Para el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el alza de los precios no depara sorpresas: el índice oficial cumplió ya un año y medio ubicándose inalterablemente en el 0,7 o en el 0,8% mensual. Según Indec en septiembre pasado, el cuestionado Indice de Precios al Consumidor (IPC) del organismo arrojó una variación del 0,8% en comparación con el de agosto, en tanto que en lo que va del año se acumula un alza del 7,3 por ciento.
Y una vez más, el cálculo del Gobierno se ubica en alrededor de un punto por debajo del índice difundido por legisladores de la oposición en el Congreso nacional. Esa tasa, que fue dada a conocer anteayer, resultó en septiembre del 1,89% mensual y surge de un promedio de los índices estimados por varios centros de estudios no gubernamentales.
Mientras que para ese cálculo de fuentes privadas la inflación interanual al mes de septiembre resultó del 24,04%, para el Indec la variación de ese período llega apenas al 9,9 por ciento. Claro que, más allá de la adhesión de los sindicatos al gobierno kirchnerista, es el primero de los índices y no el segundo, el que actúa como referente a la hora de la negociación de los salarios de convenio, en la búsqueda de que los ingresos laborales no pierdan su poder adquisitivo. De hecho, algunos convenios homologados por el Ministerio de Trabajo citan explícitamente índices alternativos al oficial, al referirse a la inflación que desgasta el valor de los billetes.
El informe difundido por el Indec señala que el rubro que tuvo el mayor incremento de precios de sus bienes y servicios es el del equipamiento y mantenimiento del hogar, con un 1,5% mensual, seguido por el de indumentaria y la atención médica (con índices del 1,2 por ciento en cada caso).
Además, el instituto comunicó un alza de la canasta básica de alimentos del 1,16% mensual y del 11,96% interanual. Así, para el Gobierno no son indigentes los integrantes de una familia (matrimonio joven y dos hijos pequeños) que logren un ingreso mensual de $ 616,65 (ése es el valor estimado para esa canasta familiar de alimentos básicos).
En cuanto a la canasta de pobreza (que agrega otros productos además de alimentos), el informe oficial señala que hubo un aumento del 1,14% respecto de agosto y del 13,76% en comparación con septiembre de 2010. Según los números absolutos, no son pobres los miembros de una familia (de acuerdo con la integración del hogar descripta en el párrafo anterior) a la que le llegan por mes por lo menos $ 1362,73.
Sin considerar ninguna modificación al contenido de la canasta (que está definida por el Indec desde hace varios años), las mediciones privadas de precios ya ubicaban los umbrales de la indigencia y la pobreza en cifras bastante más elevadas, aunque esos cálculos fueron discontinuados. En abril de este año, por caso, los estudios de FIEL ya ubicaban el valor de la canasta básica de la pobreza para una familia en $ 2246,60.
Esa diferencia en los precios de los productos más básicos produce una fuerte brecha en la estimación de los índices de pobreza, que para el Indec afecta al 8,3% de la población.
Para las fuentes privadas la inflación interanual al mes de septiembre resultó del 24,04%, para el Indec la variación de ese período llega apenas al 9,9 por ciento. Claro que, más allá de la adhesión de los sindicatos al gobierno kirchnerista, es el primero de los índices y no el segundo, el que actúa como referente a la hora de la negociación de los salarios de convenio, en la búsqueda de que los ingresos laborales no pierdan su poder adquisitivo.
De hecho, algunos convenios homologados por el Ministerio de Trabajo citan explícitamente índices alternativos al oficial, al referirse a la inflación que desgasta el valor de los billetes.
En cuanto a la canasta de pobreza (que agrega otros productos además de alimentos), el informe oficial señala que hubo un aumento del 1,14% respecto de agosto y del 13,76% en comparación con septiembre de 2010. Según los números absolutos, no son pobres los miembros de una familia (de acuerdo con la integración del hogar descripta en el párrafo anterior) a la que le llegan por mes por lo menos $ 1362,73.
Sin considerar ninguna modificación al contenido de la canasta (que está definida por el Indec desde hace varios años), las mediciones privadas de precios ya ubicaban los umbrales de la indigencia y la pobreza en cifras bastante más elevadas, aunque esos cálculos fueron discontinuados. En abril de este año, por caso, los estudios de FIEL ya ubicaban el valor de la canasta básica de la pobreza para una familia en $ 2246,60.
Esa diferencia en los precios de los productos más básicos produce una fuerte brecha en la estimación de los índices de pobreza, que para el Indec afecta al 8,3% de la población.
Hasta para la mas experta ama de casa comprar la Canasta Básica Alimentaria (CBA) que según el Indec cuesta $ 197,23 para un adulto, resulta una cruzada prácticamente inviable. Sucede que acceder a esa misma canasta, tomando los precios más bajos de las góndolas en uno de los supermercados más populares, cuesta bastante más: es necesario gastar, en esos mismos productos, $409,09
El ejercicio realizado fue comprar todos los alimentos básicos incluidos en la canasta oficial y ponderar sus precios por kilo según las necesidades de consumo que establece la tabla oficial . Por ejemplo, si el individuo consume 1.290 gramos de fideos en un mes, a un precio de 6,98 pesos el kilo, habrá gastado 9 pesos mensuales en este producto. Así, se incluyeron el resto de los alimentos que figuran en el listado oficial, entre ellos el arroz, las verduras, las frutas, distintos cortes de carne, infusiones y quesos, entre otros.
Los precios relevados fueron los más económicos encontrados en un hipermercado del barrio de Constitución y en muchos casos, no representan el ingreso promedio per capita en ese mismo producto.
En general, los relevamientos privados sobre los precios de la canasta familiar son habitualmente bastante más elevados respecto de los datos oficiales. Claro que, en pocos casos, son comparables porque las mediciones privadas no suelen incluir los consumos ponderados. Reflejan simplemente, la variación de los precios de determinados productos y orientan sobre su evolución y su potencial incidencia en la inflación mensual.
Un ejercicio aproximado a la medición oficial fue hecho antes de las elecciones primarias por un grupo de diputados porteños, liderados por el economista Claudio Lozano. Entonces, los candidatos por el espacio que postulaba al socialista Hermes Binner como presidente, decidieron desnudar la inconsistencia de los datos oficiales e ingresaron al hipermercado Coto del Abasto empujando un changuito que, al final del recorrido, quedó semivacío. Cuando gastaron los 193 pesos establecidos – en junio – por el INDEC como costo de una canasta alimenticia para un adulto, habían comprado apenas huevos, gaseosas, fideos, yerba, arroz, harina, azúcar, asado, falda, aceite y pan, todo en las proporciones que fija el INDEC.
Sin más dinero, les faltó comprar cuarenta productos , como las galletitas, las frutas, las verduras y legumbres, varios kilos de carne, pollo y la leche.
En agosto de 2011, para el INDEC era pobre una familia tipo (matrimonio y dos hijos) con ingresos inferiores a los $ 1.347,33. Y era indigente con ingresos por debajo de $ 609,56 mensuales, a razón de $ 20 por día para alimentar a 2 adultos y 2 chicos. Y por otro lado esas mismas canastas, valen casi el doble.